El conocimiento ha encontrado un lugar central en la búsqueda de futuras bases para el desarrollo económico. Uno de los ejes motores de la visión de la estrategia de crecimiento Europa 2020 (http://ec.europa.eu/europe2020/index_es.htm), elaborada por la Comisión Europea, consiste en “crear valor basando el crecimiento en el conocimiento”. El conocimiento es definido, generalmente, en términos de ciencia y tecnología, y es facilitado por el desarrollo de una infraestructura que se inspira fuertemente en la expansión de las tecnologías de la información y la comunicación. Otra vía paralela, aunque menos conocida, de desarrollo económico pasa por las actividades culturales. Progresivamente se está reconociendo la importancia de las actividades culturales y creativas como parte del desarrollo económico fundamentado en el conocimiento. A pesar de sus diferencias, estas dos vías paralelas de la ciencia y la tecnología, y de la cultura y las artes coinciden en la idea de la innovación.
La innovación es el principio clave en el desarrollo económico y la transformación. Incluye la producción de nuevas ideas, productos y prácticas, en general suelen ser resultado de la interacción de diferentes individuos, grupos y organizaciones. La diferencia y la interacción también se encuentran en el centro de la innovación. La pregunta que se plantea es: ¿qué formas de diferencia y qué formas de interacción conducen a la innovación en las actividades culturales y creativas? En el desarrollo urbano y la gestión, la interacción ha sido favorecida mediante la formación de clústeres espaciales y planes institucionales interactivos.
En un sentido limitado de la cultura, que se centra en los productos culturales, ve las industrias que se han desarrollado a su alrededor y se han inspirado en estos productos como una vía de desarrollo económico. La respuesta espacial a esta tendencia, ha sido el desarrollo de los distritos culturales en las ciudades, donde las artes y la cultura son promovidas y facilitadas. Hay instituciones culturales que están vinculadas y dan nombre a estos distritos, y se han creado nuevos espacios para actividades creativas a partir de los restos del declive de la industria manufacturera. Sin embargo, hay algunas cuestiones que tienen que ser exploradas: ¿la proximidad física genera resultados creativos? Las ciudades siempre han desarrollado clústeres de diferentes actividades pero ¿los clústeres diseñados son una fuerza para la productividad cultural? ¿Qué tipo de espacios son creados y como se relacionan con su entorno? Si hay espacios en medio de ciudades en declive o enclaves industriales ¿qué potencial de relación y fertilización entre estas áreas y los suburbios de la ciudad se puede esperar?
La proliferación de productos culturales está íntimamente relacionada con el crecimiento de la economía basada en el consumo. Buena parte de la economía en la mayoría de países occidentales está basada en el consumo: los gastos en consumo representan el 70% de la economía de Estados Unidos. La dimensión espacial de este enfoque ha sido el desarrollo de espacios urbanos que facilitan y estimulan el consumo a través del ocio y la venta minorista, que utiliza el color, la experiencia, los eventos y la publicidad. Sin embargo, lo problemas económicos actuales demuestran que el modelo de la economía del consumo no es sostenible económicamente ni medioambientalmente. Por lo tanto, la cuestión a explorar es ¿cómo se pueden desarrollar productos culturales no necesariamente vinculados a la economía del consumo? Además, el consumo no es accesible en términos de igualdad y las crecientes desigualdades conllevan en muchas sociedades la fragmentación urbana, con un amplio abanico de posibilidades que van de los barrios ricos vallados a los guetos pobres, impulsando a todo el mundo a consumir y excluyendo a aquellos que no pueden permitirse tener acceso a los productos de consumo.
Otra respuesta espacial a esta tendencia ha sido la modernización del espacio urbano para las necesidades de la llamada clase creativa. Pero la idea de una élite que es la columna de la economía puede no ser el todo acertada, puesto que muchas de sus actividades no involucran necesariamente la creatividad. Además, el trabajo de una élite solo puede ser efectivo en conexión con el apoyo de toda la comunidad, sin la cual este grupo no puede actuar. Pasar por alto la contribución de otras partes de la sociedad, conlleva sociedades jerarquizadas, en las cuales hay que considerar que la gentrificación es inevitable, que no quiere ver las consecuencias sociales negativas, que comportan amargura y resentimiento a aquellos que son despreciados o desplazados a la fuerza.
Estos enfoques tienden a aprovecharse de la noción instrumental de la cultura y no consideran la diversidad cultural subyacente, que es un rasgo de la vida urbana moderna. Los resultados espaciales pueden ser la generación de enclaves para la élite, áreas gentrificadas, y lugares marcados, que conllevan condiciones sociales fragmentadas y no estimulan la capacidad productiva local en el desarrollo cultural y económico. Por eso, es necesario tener en cuenta la diversidad. Entendida en un sentido limitado o rígido, la diversidad cultural solo creará resultados superficiales y excluyentes.
Entender de forma limitada la diversidad simplemente conlleva resultados superficiales, puesto que pone el énfasis en apariencias, reflejando una diversidad cultural imaginaria aséptica y ficticia en relación a las diversidades existentes. Esto se refleja en lo urbano y se ve en todas partes en la publicidad y en la experiencia económica, de hecho, las experiencias exóticas son empleadas para generar excitación. En contraste, una interpretación muy rígida y profunda de la diversidad se convierte en una mirada introspectiva, que lleva a formas de tribalismo que no quieren relacionarse con el otro. Para algunas personas, la intersección entre diversidad cultural e innovación representa inseguridad y pérdida de identidad. En la práctica, la identidad social no es tan fluida como el consumismo parece sugerirnos y no está tan estancada como el tribalismo la entiende, no está solo a la merced de las corporaciones internacionales ni de los modelos ultra-conservadores del pasado.
La identidad se entiende a menudo como la distinción de algo, pero también muestra las similitudes con otros, ambos elementos de un proceso comparativo de las cosas. En el desarrollo económico, la identidad a veces es usada para marcar, para mostrar que un producto es diferente de otros del mismo rango. En términos culturales, hay un sentido que defiende que en el proceso de globalización, las distinciones locales han sido erosionadas y que por lo tanto la reafirmación de la identidad es necesaria. En las ciudades, estas consideraciones económicas y culturales encuentran su manifestación en la arquitectura icónica y otras formas de distinción, desde las clasificaciones a los lemas específicos, todas las armas que están a disposición de los consultores de marca. Pero ¿cómo esta búsqueda desde un punto de vista exterior está relacionada con las realidades, necesidades y aspiraciones de la sociedad local? ¿Hasta dónde este enfoque puede atravesar la superficie y puede alcanzar las condiciones materiales de la gente en su lugar?
Un balance difícil que tiene que ser hecho entre la necesidad de seguridad y continuidad y las dinámicas de diversificación e innovación. Así la diferencia debe ser interpretada en un sentido que evite asociaciones superficiales y temporales, que no sean otra forma más de consumo, asimismo evitando afiliaciones rígidas que no pueden reconocen los otros y persisten en un mundo sin cambios i potencialmente estancado. Tiene que incluir la diversidad existente en la población, y la diversidad que surge del encuentro de esta población entre ella y con los otros, ya sea cara a cara o a través de la mediación.
La sociedad moderna es fundamentalmente urbana, y las ciudades son lugares de la diferencia. Desde los tiempos antiguos, esta diversidad ha sido reconocida, especialmente en la división del trabajo, que asigna diferentes roles a diferentes personas, haciendo posible la vida urbana. Sin embargo, la búsqueda de innovación tiende a privilegiar a algunos participantes, algunos sectores y espacios sobre otros, creando desconexiones entre estos participantes y el resto de la sociedad. Un conocimiento limitado del proceso asume que la innovación tiene lugar fuera de un contexto. Sin embargo, la innovación es intrínseca al contexto de la ciudad, tiene lugar en diferentes áreas de actividad y en todos los niveles de participantes interesados. La idea que la innovación es la especialización de una élite socava la inteligencia y el conocimiento que puede encontrarse en cualquier actividad humana, equivale a una esquizofrenia cultural. El argumento que se debe dar es que la diferencia social debe ser entendida en un sentido amplio, que va más allá de un limitado grupo de participantes y explora nuevas posibilidades a través de formas de interacción inclusivas y abiertas.
La forma espacial e institucional que esta forma abierta de interacción debe tomar es el desarrollo del dominio público. Los lugares y las instituciones que permiten que diversos grupos se conozcan entre ellos, y participen en la vida cultural y política, y exploren libremente nuevas ideas y prácticas, son un ingrediente esencial de este reconocimiento de la diversidad. En respuesta al laissez faire económico y a la diversidad social del siglo XIX, se desarrollaron muchas instituciones públicas, y un larga lista de pensadores enfatizaban la importancia del reconocimiento como fuerza social, que fue posible gracias a las instituciones públicas que ofrecían oportunidades a las nuevas ideas y prácticas, una lección que debemos repasar hoy día.
Una interpretación limitada de la cultura conduce al desarrollo de enclaves de élite desconectados del resto de la sociedad, legitimando la gentrificación y el elitismo, o el consumismo y el desarrollo superficial de la diversidad. Contrariamente, una interpretación amplia de la cultura como modo de vida, reconoce la diversidad como un componente inherente de la sociedad urbana y busca las vías en que estas formas diferentes se puedan desarrollar y tener efectos positivos mutuos. En términos espaciales e institucionales, esto conlleva el desarrollo del dominio público, los lugares y los procesos donde diferentes ideas, prácticas y grupos pueden encontrarse. Más que los enclaves de élite o funcionales, el enérgico y empoderado dominio público es inclusivo para una amplio abanico de ideas y prácticas, y permite el desarrollo de la distinción local como resultado de la interacción de poblaciones culturales diversas dentro y entre diferentes localidades. La presión de la homogeneización, consecuencia de la globalización, es compensada, de esta manera, por las composiciones democráticas con sus rasgos económicos y sociales únicos.