Abstract @celioturino: Cultura viva, la política del bien común
Ponto de Cultura presupone autonomía y protagonismo sociocultural potenciados por su articulación en red y se expresa en el reconocimiento, legitimación del hacer cultural de las comunidades y generando empoderamento social. Más que una acción de gobierno, Ponto de Cultura es un concepto de política pública, que se articula en un programa mucho más amplio: Cultura Viva.
En el primer documento de formulación del programa, escrito por mí en 2004, esta integración entre Ponto de Cultura y Cultura Viva ya fue presentada de forma clara: “Cultura Viva es concebido como una red orgánica de gestión, agitación y creación cultural y tendrá como base de articulación el Ponto de Cultura”.
Si Ponto de Cultura es el Ponto (base) de apoyo, Cultura Viva es la palanca. Corazón y pulmón latiendo en cadencia, activando un flujo continuo de vida. Como parte de un sistema vivo, Ponto de Cultura funciona como sedimentador de iniciativas y acciones; y son esas acciones las que garantizan la vitalidad del sistema, alimentándolo constantemente de nuevas ideas y acciones. Esa concepción como sistema vivo hace que lo uno y lo múltiple sean complementarios y a la vez diversos. Al observar el logo de Cultura Viva y el de Ponto de Cultura se percibe esta integración y complementariedad: el Ponto representado por una figura humana de brazos abiertos (en referencia al “Hombre Vitruviano”, de Leonardo de la Vinci) en torno al cual laten ondas afectivas (en referencia al pensamiento filosófico de Espinosa), y Cultura Viva promoviendo la integración de esas figuras humanas que se encajan y se conectan. Yo soy, yo puedo, este es el concepto.
En torno a Ponto de Cultura son desarrolladas incontables acciones, que funcionan como fábricas de fuerza, irrigando las entidades culturales con nuevos planteamientos e ideas: Cultura y Salud, Escuela Viva (integración escuela/comunidad/cultura), Pontinhos (cultura infantil y lúdica), Maestras de la Cultura Popular y Griôs (aproximando conocimiento tradicional con la educación), Pontos de Mídia Libre (fortaleciendo los medios de difusión de la cultura, principalmente webs y blogs independientes, TVs y radios comunitarias), Interacciones Estéticas (incentivando la experimentación artística a partir de la integración entre artistas profesionales y comunidad). Son muchas las posibilidades de combinación; es exactamente por eso que el programa Cultura Viva y Pontos de Cultura han alcanzado cada vez más reconocimiento, tanto por parte de los grupos culturales del Brasil y del exterior, de gobiernos y universidades, y el programa comienza a ser adoptado como referencia en diversos países.
Si Ponto de Cultura es la simplicidad (reconocimiento de las iniciativas culturales ya desarrolladas y su fortalecimento con el soporte de R$ 60 mil/año), Cultura Viva es la complejidad. Y se complementan en un tejido común más allá de las determinaciones y casos concretos. Son las acciones e interacciones del Cultura Viva las que hacen que el programa mantenga ese carácter cuestionador en sus diversas relaciones: en la relación entre Estado y Sociedad, en el propio aparato burocrático del Estado, junto a las organizaciones y movimientos sociales (que también pasan por cambios de enfoque, comprensión y relaciones de poder) y en el proceso creativo de la propia cultura.
Una vez conseguida la implantación del programa desde hace casi seis años y acompañando los más de 3.000 Pontos de Cultura esparcidos por todo el Brasil, en las diversas áreas, del litoral, de las aldeas indígenas a las grandes ciudades, de grupos de cultura tradicional a la vanguardista, llego a la conclusión que este programa también podría ser interpretado como un juego matemático, o un ejercicio de filosofía colectiva.
Según investigación del IPEA, son más de 8 millones de personas las implicadas en la red de Pontos de Cultura, participando en niveles diferentes, algunos como gestores, otros como profesores y administrativos, artistas, creadores, alumnos, consumidores, público. En el futuro es necesaria una investigación cualitativa para entender mejor cómo se desarrolla este proceso de apropiación (y como la comunidad, efectivamente, participa del Ponto), pero ya es posible sacar algunas conclusiones: por una parte un Ponto que apenas participa del programa como forma de recibir recursos y se cierra en casulo, definha; por otra, otros que se integran en la red y se abren para lo nuevo, que explotan en creatividad y emancipación. El Maracatu Atómico de Jorge Mautner y Nelson Jacobina es recreado en el Canavial, en Alianza (zona de la mata de Pernambuco) junto con el maestro Duda y Biu del Coco; los indígenas hacen cine, conciben, realizar, dirigen e interpretan sus propias películas habladas en Ashaninka, Huni-Kuni, Kuikuro, Ikepeng, el indio desde la visión del indio, delante y detrás de las cámaras; ylos jóvenes de las favelas, de las periferias, haciendo sus películas, teatro, literatura; o en los asentamientos del MST; o artistas y jóvenes de las universidades, del CUCA de la UNE que, con el Ponto de Cultura, descubren un nuevo Brasil.
Es en este juego matemático y en el ejercicio de filosofía colectiva donde está el aspecto más interesante del programa. Son integraciones diversas, uniendo personas y grupos sociales que antes no tenías condiciones de aproximación verdadera. Es en este proceso de aproximación desde donde puede generarse un desarrollo cultural efectivo. Con libertad y sin imposiciones, las personas comienzan a reconocerse de manera más profunda, percibiendo lo que es esencial en su identidad. Y al redescubrir su identidad ganan condiciones para practicar la alteridad, para percibirse en el “otro”. Identidad-Alteridade = Solidaridad. Una solidaridad que, además de palabra es efectiva porque es vivida.
Cultura Viva, como política pública, actúa en diversos campos: la cultura como expresión simbólica, como ciudadanía, como economía. Y envuelve valores. Qué economía? Qué sistema de intercambios? Inclusión social o emancipación? Qué cultura expresar? Qué derechos? Multiculturalismo o transculturalidad? Brasil es un ejemplo de identidad cultural que se expresa en la propia diversidad; una cultura mestiza, que junta todas las culturas en una sola sin que las singularidades se pierdan en la multitud. La forma de revelar y fortalecer esas singularidades fue canalizada a través del estudio multimedia (pequeño equipamiento digital audiovisual, con ordenadores operando como islas de edición en software libre). El estudio multimedia es el único elemento común a todos los Pontos de Cultura, el único ítem obligatorio, eso porque solo se es Ponto, cuando hay disposición para el intercambio; y el intercambio solo se hace con registro y circulación. El Estudio Multimidia representa colocar los medios de producción en las manos de quienes hacen cultura (cualquier semejanza con el pensamiento original de Marx no es mera coicidência: los medios de producción en las manos de los productores, pues solo así dejaremos de ser individuos alienados).
El elemento emancipador del programa deviene de la interacción dialéctica de este proceso: autorreconocimiento/ reconocimiento en el otro; cultura de sí / cultura del común. De ahí la evolución práctica (individual, grupal o social) del “en sí” al para “para sí”, alcanzando la emancipación. La emancipación es esencial para definir un Ponto de Cultura, sin ella, incluso recibiendo recursos gubernamentales y manteniendo una relativa autonomía para la gestión de recursos, no se realiza como Ponto de Cultura. Una entidad sin emancipación puede prestar servicios para su comunidad, pero su acción restringida no hace que cada individuo “cultive suyos dotes y posibilidades en todos los sentidos” (La ideología Alemana – Marx y Engels). Ejemplos? Entidades que pasan años ofreciendo cursos de iniciación artística para jóvenes en las periferias y que, al no cuestionar el sistema de un modo más global, no forman en valores, no se contraponen a la realidad. A lo sumo consolidan la manera en la que estos jóvenes van a pedir dinero en los cruces de calles de las grandes ciudades, haciendo malabarismos o incluso perdiéndose en la criminalidad. Al mantener una aparente distancia de la política, esas entidades, principalmente ONGs alimentan una conducta de conformidad y acomodación al sistema, impidiendo que la emancipación sea la tônica de su trabajo.
Más allá de la construcción de edificios o la simple transferencia de recursos para organizaciones culturales, el objetivo es intensificar la interacción entre los sujetos y su medio, dando sentido educativo a la política pública y promoviendo el desarrollo a partir de la apropiación colectiva de los conceptos y del programa. Un programa construtivista, o fenomenológico, que tiene por principio compartir ideas y valores. Una acción que se genera por el el hecho de compartir emociones impulsando un fuerte componente de ilusión y magia, energía y afecto.
La palabra Cultura es una de las más difíciles de conceptualizar y va modificándose a lo largo del tiempo. Cultura viene de cultivo y, por eso incluso, es próxima al concepto de agricultura. Exactamente eso: preparar la tierra, arar, sembrar, regar, acompañar el crecimiento de las plantas, protegerla de plagas y hierbas dañinas, de insectos, seleccionar las semillas y… comenzar todo nuevamente (al menos este es el proceso mientras el mundo de las semillas genéticamente modificadas y patentadas aún no domina por completo la producción de alimentos). Con la Cultura es lo mismo. Habiendo sido responsable de la concepción e implantación del programa Cultura Viva y de los Pontos de Cultura, diría que la Cultura debe venir siempre acompañada de palabras que comienzan con “E”; en principio identifiqué 3: Ética, Estética, Economía, ahora pienso que es preciso incorporar otra palabra iniciada con “E”: Educación. Las “E” de la Cultura.
Al integrar sistemas de valores de modo práctico y simbólico, vamos rompiendo con las barreras de la alienación (elemento vital en el proceso de dominación capitalista) y al hacer eso construimos un proceso educativo que puede derivar en nuevas prácticas sociales y económicas. Qué prácticas serían éstas? Una economía solidária, con trabajo compartido, comercio justo, consumo consciente y respeto al trabajo humano, por el Medio Ambiente y por la creatividad. O sea, no hay mejor que desarrollar una política cultural emancipatoria desde la triangulación Cultura/Economía Solidária/Medioambiente. Simple. Pero opuesto a la práctica económica y social vigente.
Resulta extraño colocar esos principios filosóficos en el planteamiento de una política pública. Más común es presentar un programa bajo la lógica de la técnica (que se hace ideología en su aparente neutralidad y, como ideología, incorpora los valores del sistema dominante) con datos, objetivos, metas e indicadores. Todo eso es importante y así fue hecho en la construcción del Cultura Viva. Pero más importantes son los conceptos, los principios, los valores. Un programa como Cultura Viva y los Pontos de Cultura solo puede ser concebido a partir de la lógica del bien común y no de la acumulación privada. Este no es un simple programa de transferencia de recursos para que las entidades culturales gestionen sus pequeños espacios (con pequeños recursos y pequeños objetivos). Claro que es necesario el componente financiero, y fue gestionado con eficacia ya que los recursos en 2010 llegaron de más de mil municipios del Brasil en las más remotas y olvidadas comunidades del país. Sin embargo, mucho más valor tienen los principios del distribución, de generosidad y el coraje de romper barreras (y prejuicios). Este es un ideal comunista. No el comunismo que conocemos del siglo XX, que no era comunismo sino socialismo, con economía planificada, mucha burocracia y poco espacio para la libertad de iniciativa. Aquí hablo de un ideal de valor comunista en el sentido etimológico de la palabra; Comunismo: comunidad, comunitarismo, bien común.
Por estar entroncado con el ideal del bien común Ponto de Cultura ha sido tan bien aceptado en las más diferentes esferas de gobierno y partidos. Claro que no existe la comprensión plena de este carácter emancipador del Ponto de Cultura, pero esta es una propuesta amplia en la que caben todas las personas de buena voluntad (aquí destaco el discurso de todos caben, pero en la práctica las conductas son otras pues hay una sumisión a los intereses individuales y de clase, así como de la ideología dominante, cuyos valores intangibles atraviesan las prácticas – valores como egoísmo, ambición desmedida, hedonismo, imediatismo, tan presentes en la ideología neoliberal). El Ponto de Cultura también experimenta otro tipo de Estado que comparte con la sociedad, a la vez leve y presente, ampliado; un Estado Vivo. En este ejercicio, en lugar de esconder las contradicciones en la relación entre Estado/Sociedad, esas limitaciones y barreras van siendo encaradas hasta alcanzar nuevos patrones. Qué paradigmas necesitariamos cambiar?
De la política pública centrada en la estructura hacia la orientada hacia el flujo.
Del Estado que impone hacia el Estado que dispone.
Del Estado que concentra (riquezas, información y poder) hacia el Estado que libera energías.
Del Estado impermeable hacia el Estado permeable.
Del Estado que esconde hacia el Estado transparente.
Del Estado que controla hacia el Estado que confía.
Del pueblo que transfiere responsabilidades hacia el pueblo que participa.
De la desconfianza a la confianza, generando responsabilidad y libertad.
De la carencia para la potencia.
Tal vez la llave para alcanzar esos cambios de paradigmas en la relación Estado/Sociedad esté exactamente en el último patrón mencionado (carencia/potencia). Las políticas públicas, en cualquier lugar del mundo, estan formuladas a partir del criterio de la carencia, de la vulnerabilidad. De ahí el asistencialismo (tanto en los modelos de Estado de Bienestar Social de después de la II Guerra, como en cualquier otro) y la ausencia de políticas efectivamente emancipatórias. Con Ponto de Cultura partimos del opuesto, buscamos la potencia, la capacidad de actuar y transformar que todos los individuos y grupos poseen, pero que, a lo largo de 5.000 años de civilización fueron constreñidos, sofocados. Por eso hablo del carácter subversivo del Ponto de Cultura. Alguien puede usar la expresión “carácter subversivo del programa” de forma maliciosa porque quién domina y oprime no puede convivir con la potencia y la libertad, pero insisto en este sentido de subversión de valores porque es fundamental, estructurador para un nuevo modelo de civilización. La civilización del III milenio presupone la quiebra de jerarquías culturales (por lo tanto, de poder simbólico) y la construcción de nuevas legitimidades con el reequilíbrio entre poder (relación pueblo/estado). No es exactamente eso que el pueblo (en todos los lugares), incluso sin saber cómo hacer, desea?
“El pueblo sabe lo que quiere, pero también quiere lo que no sabe” (letra de Gilberto Gil). Ponto de Cultura vino para eso: para que el pueblo se des-esconda y se asuma como pueblo. Siempre con mucho arte, amor y alegría, pues esa es la prueba del “nueve”. Que tengamos coraje para avanzar en este proceso.















